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Wanda Madrid, pronto una realidad.

Memorias de un fetichista.

El otro día me vino a la mente la mítica película Memorias de África. Película oscarizada y muy premiada en su momento pero de la que nadie se acuerda  hoy en día, cinéfilamente hablando, a la hora de citar buen cine, de hecho para mi no es buen cine, más bien creo que es cine mediocre con una buena banda sonora y una mejor fotografía.

Pero no es de cine de lo que quiero hablar en esta ocasión. Me gustaría exponer lo que para mi supuso ver en la pantalla grande junto a mis padres esa película cuando tenía yo apenas diez años.

Ver a una maravillosa Meryl Streep vestida de amazona cuasi continuamente con botas de montar y con varios tipos de guantes de cuero. La imagen de una mujer tremendamente femenina con estilo colonial que me atraía sobremanera y llamaba mi (inquieta) atención. Un estilo que hoy en día continua marcando tendencias en moda y del que las grandes marcas jamás dejaran de beber.

Recuerdos en color cuero marrón y camel que hacen que siempre me acuerde de esa mediocre película con una gran sonrisa y con los años puedo analizar aquellas vivencias que por aquel entonces apenas entendía por mi ingenuidad.

La bestia se estaba formando como persona y como fetichista pero no fueron esas imágenes las primeras que marcaron mi vida, aunque eso si que es otra película.

Azotes de cuero.

Admiración, deseos de adoración, sumisión. Ver a mi Ama Mistress Natalie, sentir cómo su cuero roza mi piel (…). Se me ponen los pelos de punta solo de pensarlo. Deseos de fetiches, acrecentados por ser el Ama quien los posee, mi Ama.

¿ Qué hay mejor que poder y sentir a tu Ama tal y cómo desea uno ? Desear ser azotado por mi Ama y suplicarlo por mi estado de continua excitación debido a que ella me mantiene en largos periodos de tiempo en castidad.

Mistress Natalie ha provocado en mi que estando así yo en ese estado le suplique que me azote por que es más grande mi deseo de ser azotado que el deseo de liberación de mi castidad.

Mi sometimiento total a mi Ama, estar en sus manos y notar cada uno de los azotes que sus manos enguantadas me propinan. Sentirme con cada uno más suyo.

Pero hay cosas que mi Ama no las pasa por alto. A mi no me permite la sumisión a la carta. Soy su esclavo y ella me ha enseñado a que solo debo de obedecer cada una de sus ordenes olvidándome de cuál son mis deseos. Soy yo quien sirve y quien acata. Soy yo quien debe de estar pendiente de los deseos de mi Ama y quien debe de adelantarse a ellos. Soy yo quien no debe de olvidar jamás a quien pertenece y quien no debe de olvidar que no tengo permitido pedir nada nunca.

Por esto ese día recibí más azotes de cuero de los que esperaba como lección y aviso de mi Ama Mistress Natalie. El error de pedir algo, de desear algo se puede convertir en algo que uno no espera.

Ver entrada al respecto de Mistress Natalie en su blog:

¡Cuidado con lo que Deseas, esclavito!

Fotografiando algunos fetiches.

Unos fetiches, varios de una sofisticada elegancia. Bellísimos zapatos, guantes de un fino cuero, mi debilidad y guantes estilo “driving” en latex, sandalias con un tacón de vertigo, tacones y taconazos, suelas rojas y botas varias colgadas en la pared como si fuesen obras en un museo. Zapatos que “no son solo para caminar”. Puro erotismo y arte.

Son para mi estos algunos objetos de culto de mi Ama Mistress Natalie que ayer fotografié.

Rudolf Schlichter, retrato de un fetichista.

Me gustaría hablar un poco en el rincón de mis ocurrencias del pintor alemán Rudolf Schlichter, 1890-1955. Con origen en el dadaísmo, la vida de Rudolf dio un giro al conocer a la actriz Speedy Schlichter con la que viviría una relación de dominación femenina y contínuos experimentos sexuales basados en la muerte y autodestrucción.

En su obra Rudolf representa de un modo constante su fuerte fetichismo de las botas inspirado en la obsesión que mantiene hacía su pareja, Speedy. Ella basaba su fuerte sexualidad en ellas, en sus botas. 

La humillación del hombre ante la mujer, la dominación femenina fueron constantes en la vida y obra de ambos. Speedy Schlichter era considerada una de las mujeres más modernas del decadente y oscuro Berlín de la época de entreguerras.