La “picha de toro” como se conoce más comúnmente o Vergajo es un látigo con mucha solera que se fabrica después de secar y retorcer la verga del toro.
Por su contundencia se ha usado como elemento de tortura en tiempos pretéritos en España, durante la dictadura y también por la fuerzas del orden.
Sobre todo en los años setenta y ochenta era fácil ver este tipo de látigos en los coches como arma de defensa personal. No era difícil ver uno de ellos junto al perrito de cabeza móvil en las bandejas traseras.
Mistress Natalie deseaba su particular y eficaz manera de recordarme a quién me debo. Me inmovilizó los tobillos y testículos con el cepo traído de Other World Kingdom ( O.W.K ) y me alzó los brazos quedando mi cuerpo totalmente en extensión. Así mi Ama comenzó a torturarme debidamente los pezones y yo a sentir como el Vergajo impactaba con fuerza en mi trasero.
El primer azote fue el que me avisó de que lo venidero sería terrible. Un golpe seco y profundo que parecía atravesar todos mis músculos. El dolor se hacía presente y uno tras otro los azotes mermaban mis fuerzas.
“Sudor frío, palidez, respiración lenta y controlada, respuestas pausadas y cortas… señales inequívocas de que mi víctima está a punto de sufrir un desvanecimiento.” Y así es, tal y como escribe mi Ama en su blog estaba. Mis señales bien recibidas pusieron en alerta a Mistress Natalie quien tras liberarme me ordenó tumbarme en el suelo para mi recuperación. Estaba mareado con la tensión por los suelos.

Al de unos instantes, ya recuperado, sentí como mi Ama se sentaba sobre mi cara y cómo fuertemente retorcía mis pezones. Sus palabras eran un bálsamo para mi. Es tan gratificante saberme en buenas manos…manos sabias.
Me ordenó ponerme a cuatro patas. El dolor debía continuar y el Vergajo volvía a impactar fuertemente a ritmo continuo en mis nalgas. Uno tras otro apenas podía mantenerme en posición. El dolor me doblaba y me batía. Debía de soportarlo pero cuando creía poder soportarlo al siguiente impacto me hacía irme al suelo. Era terrible pero a la vez el sentimiento de unión a mi Ama aumentaba exponencialmente.
Cada vez que los azotes me hacían perder la posición buscaba volver rápidamente a la postura. Es así como me desea mi Ama y pensar en ello me daba fuerzas para alzarme. Escuchar su voz y sus instrucciones, oír cómo el Vergajo continuaba en acción me daba fuerzas.

Mi sorpresa fue mayúscula cuando mi Ama sin cesar de azotarme y mientras yo seguía a cuatro patas, me ordenó masturbarme. Mi excitación era máxima y el dolor que sentía multiplicaba el placer que mi Ama me estaba permitiendo. El dolor menguaba y los impactos eran ahora placenteros. Con el permiso de mi Ama, tras cincuenta días en castidad mis testículos se veían liberados (…).
Es algo complicado el poder describir bien lo que uno siente en esos momentos. Dolor agudo, placer, sentimiento de orgullo, satisfacción y un fuerte deseo por saber agradecer a mi Ama cómo me cuida y cómo me hace avanzar en mi camino.
Sin duda un día a su lado que me resultará complicado de olvidar. Mi deseo de revivir en mi mente cada sensación teniendo aún hoy doloridos los músculos del trasero. Desde ya la temible en “in-flexible” picha de toro.

Podéis ver aquí lo que mi Ama escribió en su blog sobre ello.
















